Skip to main content
Derecho CivilNoticias

CÓMO DESARROLLAR LA ABOGACÍA PREVENTIVA EN LOS CONFLICTOS DE LAS COMUNIDADES DE PROPIETARIOS


MADRID, 16 de SEPTIEMBRE de 2013 – LAWYERPRESS

Por Francisco José Estévez Hernández. Abogado

En la Sociedad actual, tan sumamente individualista y en la que pocas veces hacemos algo a la vez, como decía la canción, la supervivencia de las Comunidades de Vecinos es uno de esos milagros que vivimos cada día.
El 9 de enero de 2012, la Sala 1ª del Tribunal Supremo dictó una sentencia de lo más reveladora, por la que condenaba a unos vecinos a reponer su vivienda al estado original, tras la realización de unas obras de cerramiento de terraza, inconsentidas por la Comunidad, pero existiendo otros anteriores en la misma Finca, con una antigüedad de más de diez años, frente a los que no se había actuado del mismo modo.
Las dos Instancias previas, sí habían considerado la existencia de un trato discriminatorio; pero el Supremo aplicó la doctrina jurisprudencial de que, el principio de igualdad, prohíbe las desigualdades que resulten artificiosas, por no venir fundadas en criterios objetivos y razonables; cosa que no sucedía en el asunto debatido, en el que existían justa causa y finalidad legítima; como es que no se lleven a cabo alteraciones en elementos comunes de un inmueble sometido al régimen de propiedad horizontal, si no es con la autorización unánime de los copropietarios.
Dicho asunto encierra, en sí mismo, muchos de los vicios que rodean, desde luego amenazan y casi siempre dinamitan, el día a día de una Comunidad de Propietarios.
Por un lado, la “Política de Hechos Consumados”: “Yo no pido permiso, por si me lo deniegan”. Para cuando reaccionen los vecinos, se reúnan y actúen, si es que actúan, el promotor ya estará incluso cansado de invitar a amigos para estrenar, una y mil veces, su obra inconsentida. Pues bueno es él.
Por otro lado, la ¨Política del Precedente Infausto”, que justifica cualquier actuación, en base a una especie de jurisprudencia comunitaria de andar por casa –nunca mejor dicho- que el vecino acomoda a su antojo, tratando de crear una subespecie de complejo de culpabilidad en la Comunidad, para que no se atreva a impedirle actuar como quiere, dado que antes –vaya usted a saber cuándo, cómo y por qué- a otro propietario, no se le impidió hacer su obra que ahora, miren, ya está incluso oxidada. No va a ser él menos, ¿verdad?.
También existe, en toda Comunidad que se precie, un consolidado “Lobby del No” formado, mayormente, por personas de cierta edad, con tiempo libre. Este grupo, que suele acudir en pequeño número, pero con una interminable lista de representaciones, se va a oponer siempre a cualquier cosa que solicite un vecino ajeno, mucho más si se trata de uno de los que tienen enfilados desde tiempos inmemoriales, nadie recuerda la causa. Si la Ley les asiste, impedirán el acuerdo sin diálogo posible. Y si no, obligarán a los propietarios a permanecer en la reunión, hasta una hora que oscila entre la una y las tres de la madrugada, con interminables discusiones bizantinas.
Dichos grupos interactúan en múltiples ocasiones, se retroalimentan y, junto a las deficiencias habituales en Estatutos y Régimen Interior, la existencia de vecinos molestos y, por supuesto, de morosos; la vida pacífica de las Comunidades está en permanente riesgo.
Por ello, el ejercicio de la Abogacía Preventiva es fundamental. Todos hemos contribuido a que, en España, no esté tan consolidada esa cultura que, sin embargo, funciona desde hace décadas en otros países, muy especialmente en los anglosajones -¿Quién no ha visto cientos de películas en las que tal realidad se refleja?- en los que se habla con el abogado antes, no después.
Las Comunidades de Vecinos, como unión más legal que voluntaria de decenas de personas, son especialmente sensibles a esta necesidad, y la Abogacía Preventiva resulta imprescindible desde la base: tanto en su composición, Estatutos y Normas como, en general, para que todo esté más claro, se creen una serie de automatismos que eviten los conflictos innecesarios, se repartan responsabilidades, y resulte más sencilla y directa, la solución de los inevitables.
Si actúa un abogado, ejercerá la función de Mediador entre los distintos grupos que, nos pongamos como nos pongamos, van a coexistir; los hechos consumados serán legales, y no una espada de Damocles que nunca sabes cuándo va a caer; y los nefastos precedentes nunca podrán amparar actuaciones contrarias a la Ley o a los Estatutos.
Los abogados, como orientadores, mediadores, asesores y, si todo falla, ejecutores, somos necesarios. ¿Las Comunidades de Propietarios lo saben?.

Leave a Reply

Abrir chat
¿Podemos ayudarte?